Biografia de Pancho Ramirez

pancho ramirez

Francisco “Pancho” Ramírez

Nació en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, el 13 de Marzo de 1786.

Hijo de Juan Gregorio Ramírez, paraguayo y de doña Tadea Florentina Jordán, casada en segundas nupcias, quien fue la madre de otro caudillo, Ricardo López Jordán (1798-1846).

Realizó sus estudios en una escuela que sostenía don Juan de Insiarte (fundador de la villa del Arroyo de la China) y luego continuó su formación personal en las aulas dirigidas por frailes y clérigos seculares.

Fue un Caudillo Entrerriano, llamado “El Supremo” por  sus camaradas, quienes lo consideraban su único líder.

Ramírez, era uno de los primeros líderes del federalismo provincial, contra el unitarismo y la dominación de Buenos Aires.

Según el historiador Martín Ruiz Moreno, Ramírez fue nombrado Alcalde de Arroyo Grande y en 1810, cuando estaba la Revolución de Mayo, toma el cargo de oficial de Cívicos, nombrado por el Comandante General de los Partidos de Entre Ríos, don José de Urquiza.

El prestigio de Ramírez aumentaba a la vez que en el bullía el entusiasmo de la libertad sustentada por una organización institucional republicana y federal.

En octubre de 1811, se incorporó a la revolución y pasó a la Banda Oriental para servir en el sitio de Montevideo. Tenía 25 años cuando conoció a Artigas, de 47.  Durante una década, el joven entrerriano dará numerosas pruebas de fidelidad a la causa federal y a su jefe. En 1817, Artigas lo nombro su delegado para la región del río Uruguay.

Si bien carecía de formación militar específica, varios cronistas atestiguaron que sus tropas eran quizás las más disciplinadas de la región, mucho más que las de Artigas, López o el Directorio porteño. Estaban regularmente uniformadas y se movían en perfecto orden siguiendo las órdenes de los oficiales.

Ramírez y López comandaron el ejército federal que derrotó a Rondeau en Cepeda (1º de Febrero de 1820) y firmaron poco después el Tratado de Pilar, Buenos Aires. Se invito a Artigas a firmarlo, pero no en su condición de “Protector de los Pueblos Libres” ni jefe de las Provincias Federales. Apenas se le consideraba como un jefe de provincia: “Su Excelencia, el capitán de la Banda Oriental”, una provincia ocupada totalmente por los portugueses.

Un Artigas cada vez mas solo, acusa a sus lugartenientes de haber firmado un “vil tratado” que no obligaba a Buenos Aires a declarar la guerra de los portuguesas ni a proveer recursos para recuperar la provincia Oriental. Ramírez está convencido que es preciso sacrificar momentáneamente la Provincia Oriental, en aras de la paz interior.

El Supremo, piensa que la intransigencia de Artigas es su peor mal, “Parece que, Artigas, se ha propuesto eternizar la guerra civil, desentendiéndose de la paz y general armonía de las provincias en Federación…” (24 de Junio de 1820).

En una guerra relámpago y con el apoyo de recursos porteños, Ramírez destruye a su antiguo jefe.

Mientras Artigas era tragado por el Paraguay, Ramírez unificaba las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, creaba la República de Entre Ríos, como estado federal. Su propósito era recuperar la Banda Oriental y reintegrar al Paraguay de las Provincias Unidas.

Durante su breve gobierno ordeno la administración y la recaudación de impuestos, eliminando los derechos de importación. Estableció un régimen de administración de justicia, decretó la obligatoriedad de la enseñanza primaria.

En los siguientes años, hubo un equilibrio inestable, en las provincias ribereñas, entre Santa Fe dirigida por Estanislao López, y Entre Ríos, bajo Ramírez.

La rivalidad entre Ramírez y López por el liderazgo político de las provincias ribereñas, junto con sus propósitos opuestos, finalmente los llevo a un conflicto armado. Ramírez nunca había abandonado la idea de erradicar a los brasileños portugueses de la Banda Oriental y apelo a Buenos Aires para obtener ayuda.

Ese gobierno estaba ocupado combatiendo a los indios del sudoeste de la provincia, incitados por Carrera y no podía enviar sus tropas de inmediato al Uruguay. También había firmado la paz entre Santa Fe y Buenos Aires (tratado de Benegas, 1820) y existía el proyecto de convocatoria de un Congreso Nacional en Córdoba. Tanto Bustos de Córdoba, como López de Santa Fe y Martin Rodríguez de Buenos Aires, se oponían a Ramírez y lo consideraban un obstáculo para la reorganización nacional.

Ramírez tomo la ofensiva, cruzo el río Paraná hacia Santa Fe, acordó con Carrera intervenir en un movimiento de pinzas contra Córdoba para vencer a sus comunes opositores. Después de un exitoso comienzo, Ramírez y Carrera, fueron totalmente derrotados.

Junto al caudillo, cabalga la Delfina, su mujer, un personaje legendario y enigmático.

“Cuando miro la tropa y veo el sombrero, me quedo tranquilo”. Con estas palabras hacía referencia a su amada. Su belleza lucia a través de la pobre vestimenta. Ramírez la invitó a cenar a su tienda, dicen que el amor comenzó con este intercambio de palabras:

–         “Espero sepa comprender la poca elegancia de la mesa, mi señora”, dijo Ramírez

–         “Espero sepa comprender la poca elegancia de la dama, mi señor”, afirmó ella.

El caudillo rompió su compromiso con Noberta Calvento, hermana de su mejor amigo y la Delfina lo siguió a la guerra. Hábil como amazona y en el uso de las armas, vestía uniforme militar con charreteras de coronel. Su valor era llamativo, exhibicionista.

En Julio de 1821, se acercó el fin y la última batalla: el Supremo, se dirigió con la Delfina y unos pocos hombres hacia San Francisco del Chañar, Córdoba, perseguido por soldados de su anterior aliado, Estanislao López.

La Delfina se retraso, al tropezar con su caballo y quedo atrás, por lo tanto, fue encontrada por los soldados contrarios, que intentaron quitarle su ropa y sus pertenencias. Ella gritó y el caudillo regreso a buscarla, pero no llego.

Mientras iba en su caballo, desesperado por rescatarla, recibió un balazo en el pecho que lo tiró al suelo, quitándole la vida.

Ramírez fue decapitado y su cabeza fue embalsamada y entregada a Estanislao López, quien la expuso dentro de una jaula en el cabildo de Santa Fe.

La Delfina, junto con los pocos soldados que quedaron del ejercito de Ramírez, regresó al Arroyo de la China, donde murió el 27 de Junio de 1839.